Una de mis escasas lectoras me preguntaba en un comentario a la entrada anterior qué iba a hacer ahora con el blog, estando retirada temporalmente de la docencia. En principio tenía idea de colgar dibujos y moneces que han ido saliendo cuando he hecho limpieza de mi cartera y poner alguna anécdota menor. Peeero...
Me las prometía muy felices en agosto: nada de trabajo en ningún sentido. Sin embargo, mi suegra se encargó de encontrarme un alumno. Su vecino de arriba lleva cuatro para septiembre, entre ellas inglés, y luego tiene el examen de selectividad. O PAU, como dicen ahora (a este paso voy a sonar tan rancia como mis padres cuando hablaban de la reválida). Así que ahí estoy, tratando de prepararlo para dentro de un mes. Teniendo en cuenta que el chaval no tiene demasiadas ganas de estudiar (ya me saltó hace dos días con un "el jueves no") y que se dispersa fácilmente, creo que el milagro no va a suceder. Pero como me pagan por intentarlo, pues eso... lo estoy intentando.
Recopilé exámenes de selectividad de años pasados y me presenté en su casa con uno facilito para ir viendo qué necesita practicar. Él me había dicho que le faltaba vocabulario. Yo me imaginé que sería algo más. "Algo", qué ingenua.
Pongamos que el texto es el cuento de Caperucita. Le digo que lo lea y que me cuente, en español y con sus palabras, lo que dice el texto. Respuesta:
"Pues es una señora que se llama Caperucita o algo así, que vive con su abuelita y tiene un lobo de mascota, y entonces un día hace pasteles, va por el bosque, invita a un cazador a té con pastas, se van al campo de tiro vestidos con un camisón y ya no he entendido lo del último párrafo".
Triple Facepalm...
jueves, 4 de agosto de 2011
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